Un sistema rentable solo para algunos: el despilfarro de alimentos

Fuente: viaorganica.org

Fuente: viaorganica.org

Vivimos en un mundo de naturaleza generosa, pero de recursos limitados. Así como el marketing y la publicidad influyen en nuestra forma de consumo, nuestra forma de consumo influye en quien vende.

Emitieron en televisión un programa sobre el despilfarro de comida en nuestro país, hace tiempo que encuentro personas conscientes de esa situación que hace tiempo viven de otra manera, distinta a la que un ritmo laboral apretado, la prisa, la multitud y el autocentramiento en sus propios problemas les habían llevado.

Procuran que su forma de comprar y alimentarse sea además de saludable para su organismo, saludable para el entorno en el que viven teniendo en cuenta que uno decide lo que compra, que lo que compran es lo que necesitan y que lo que necesitan es lo suficiente para mantenerse bien alimentados y no para llenarse como si fueran una piñata.

Sin embargo, … uno tiene tan integrado el tema que se olvida de que otros no lo tienen tanto, incluso de que otros ni siquiera están enterados y no se da cuenta de que la desigualdad en el reparto de alimentos puede ser algo evidente para unos y una realidad desconocida para otros.

Cuanto más conscientes somos de una realidad mayor oportunidad tenemos de cambiarla

La información es importante, saber que se desperdician 20.000 kilos de tomates de aquí, mientras se están importando más tomates de otros países, como se mostraba en el documental, y saber que lo que alimenta no es la apariencia sino la calidad, puede hacer que mañana una persona decida escoger el tomate “feo” y así cada vez seamos más los que consumimos alimentos y no un escaparate de apariencias y colores destinado a recaudar beneficios sin importar la necesidad básica de alimento que todos tenemos.

Decirle a alguien que hay hambre en el mundo probablemente no motive cambios, eso ya se sabe y que difícil es cambiar los problemas del mundo! solo de pensarlo uno se empacha de frustración. Procurar no dejar migajas en el plato que tenemos la suerte de poder comer sabiendo que otros las rebañarían muy a gusto realmente tampoco va a hacer que cambien las cosas, nos amarga la comida, incluso hay días que nos quita el hambre. Pero, ¿realmente es tan difícil? ¿realmente el problema está tan fuera de nuestro alcance?

En nuestro país es posible que se tiren toneladas de alimentos en buen estado cuando hay personas que no tienen para comer, esto es una realidad.

Una realidad difícil de cambiar porque a ella contribuimos todos y para cambiarla es preciso que de nuevo volvamos a contribuir todos.  Lo difícil no son los cambios, cada vez conozco más gente que ha cambiado su forma de consumir, sino que muchos o la mayoría veamos la necesidad y el valor de llevarlos a cabo y para ello no es suficiente con ser uno consciente en su vida, para ello es necesario que la realidad se muestre.

Despilfarro de alimentos

Saber que supermercados y grandes superficies tiran al final del día productos en buen estado simplemente porque su fecha de caducidad está próxima o su aspecto no cumple los cánones para atraer clientela sí puede hacer que veamos un aspecto de esta realidad del que tal vez no nos hemos dado cuenta. Muchos alimentos se despilfarran sencillamente porque aún siendo aprovechables la finalidad de su distribución no es la de servir de alimento sino la de ser vendidos. No importa que tengan acceso muchas o pocas personas, ni siquiera importa quien los compre, lo único importante es que se compren, cuantos más mejor. Tampoco importa si se consumen o no, no importa si los dejas caducar en casa o si cubren las necesidades de nutrientes o si son más o menos saludables… lo único importante es que pasen por caja y se transformen en dinero, para producir más y volver a transformarse nuevamente en más dinero, sin importar que en la esquina de nuestra calle haya un contenedor lleno de alimentos mientras nosotros por la mañana hemos estirado con maña nuestros euros para hacer la compra o haya quien ni siquiera tenga algo que llevarse a la boca.

Tal vez saber esto nos de un poquito de poder, el poder de pensar y de decidir. Decidir comprar lo que necesitamos para alimentarnos, no lo que nos venden para beneficiarse, pensar si vamos a comprar comida o vamos a comprar envases novedosos y productos de colores. Decidir también si queremos dar nuestro dinero a empresas a las que poco les importa que haya gente pasando hambre o si preferimos canjearlo en pequeños establecimientos, cooperativas de consumo o directamente a productores donde sabemos cómo se produce el alimento, que contiene y que el beneficio de la venta les servirá para vivir y no para generar más dinero y más despilfarro.

Quizás ahora el problema del hambre y del despilfarro ya no nos parezca tan fuera de nuestro alcance.

Dice Esther Vivas en su artículo ¿Alimentos para comer o tirar?  que “La producción alimentaria se ha multiplicado por tres desde los años 60, mientras que la población mundial, desde entonces, tan sólo se ha duplicado.” Hay comida, por tanto no es preciso que nos vendan revoluciones verdes con el cuento de que los transgénicos pueden acabar con el hambre en el mundo, ni que se nos atragante la comida si alguna vez no podemos terminar la ensalada. 

Nuestra forma de consumo también tiene poder

Es un buen cambio para empezar, que practiquemos el hábito de no despilfarrar en casa, cocinar lo que vamos a comer en lugar de cocinar como si comiéramos por 3, pero si de verdad queremos contribuir a un equilibrio en el reparto de alimentos, es importante tener presente algo muy evidente que olvidamos muy a menudo: vivimos en un mundo de naturaleza generosa, pero de recursos limitados. Así como el marketing y la publicidad influyen en nuestra forma de consumo, nuestra forma de consumo influye en quien vende. Necesitamos alimentarnos, no llenarnos. Necesitamos producir alimentos, no agotar la tierra hasta arañarla. Necesitamos información sobre qué comemos no que nos convenzan de lo que tenemos que comer. Y sobretodo necesitamos que productores y distribuidores de alimentos, así como las administraciones tengan claro que lo que queremos es cubrir nuestras necesidades y no que produzcan y despilfarren sin más, agotando los recursos de unos y otros.

¿Porqué voy a comprar 3 nocillas por 2 si con una tengo suficiente?

Las ofertas y supuestas gangas nos hacen tener la imperiosa necesidad de acumular productos en casa que además no son realmente indispensables para nuestra subsistencia y que además probablemente terminen por caducarse. Si me apetece comer nocilla y la puedo pagar, me doy el gusto y me la compro pero hoy en día tenemos los comercios bien cerca y si lo pensamos qué necesidad hay de almacenar como si el apocalípsis fuera inminente, y en cualquier caso, si este se diera ¿nos salvaría la nocilla? ¿realmente su precio será mucho más caro si la compro dentro de un mes?

El origen de los alimentos sí importa

En España tenemos muchos productos para nuestra alimentación, las naranjas de Valencia, el arroz, el jamón de Extremadura, quesos en Asturias, País Vasco y Galícia, las fresas de Huelva y el Maresme, los melocotones de Calanda y así podríamos pasar un buen rato. Productos de calidad con los que alimentarnos y de los que los productores podrían vivir si la cadena de distribución no estuviera monopolizada como lo está por unas pocas empresas.

En nuestro país ha ocurrido varias veces que al agricultor le sale más a cuenta tirar su producto que venderlo, algo insólito que genera una situación irónica, compramos en el super fruta de Italia, por ejemplo, mientras la producida aquí está desparramada por el suelo.

Una situación aún más irónica es cuando aquí se consumen alimentos producidos en las tierras de otro país. En Índia se cultiva arroz basmati para ser distribuido a través del comercio justo, así los campesinos índios dan salida a su producto que de otra manera no podría competir en el mercado mundial y aquí importamos un alimento cultivado de forma ecológica respetando los ciclos de la tierra. Un buen intercambio, un comercio justo donde todos salimos ganando, pero cuando los campesinos de otro país alquilan o venden sus tierras por no poder competir con el mercado sucede que estas tierras son explotadas por una empresa que produce para otro país, otro país come, se beneficia y se enriquece con esas tierras mientras allí se pasa hambre no por una falta de alimentos (las tierras están a tope) sino porque ellos no tiene acceso a los mismos. Es un absurdo que se importen garbanzos de México con el consiguiente gasto de combustibles, materiales y mano de obra cuando aquí tenemos unos garbanzos buenísimos. Hay alguien que se beneficia de estas prácticas y desde luego no son ni el productor ni el consumidor.

No es lo mismo consumir naranjas de x lugar que de Valencia, probablemente las primeras sean más baratas, probablemente porque por el camino alguien ha dejado de obtener un beneficio que le corresponde, pero al final comprar barato sale caro cuando no sabemos los métodos de producción que se están utilizando, si se está explotando una tierra hasta dejarla extenuada, si de esa tierra viven agricultores o se benefician grandes empresas, los miles de kilómetros que tendrá que viajar el alimento, etc. una huella humana y ecológica imposible de compensar.

Que la realidad se muestre y tengamos información para decidir es algo que sí está a nuestro alcance y que además nos hace más conscientes de que somos parte de la solución.

Aquí podéis ver el documental emitido en La Sexta hace unos días Fecha de caducidad

Artículo sobre el libro “Despilfarro” de Tristram Stuart  Despilfarro. El escándalo global de la comida

Más información y artículos interesantes relacionados con el tema, la web de la activista e investigadora en movimientos sociales, políticas agrícolas y alimentarias Esther Vivas

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