La azucena rociera

Había una vez en un humilde patio de la Victoria, un pueblo chico de Córdoba, donde descansaba un jazmín de flores blancas con las que una madre enseñó a su hija a hacerse largos collares metiendo el rabito de una flor entre los pequeños pétalos de la flor siguiente y así hasta el infinito, aunque siempre procuraba dejar algunas para que el jazmín no se quedara sin ninguna. Por entonces no sabía  que la flor del oloroso arbusto duran unas 24 horas.

El jazmín cubría una de las paredes del patio, imaginaos que grande y hermoso y que fácil regresar a la casa del pueblo… basta con oler a jazmín.

En aquella casa vivía hace muuuuchos años mamá Angelita, que un día sembró unas azucenas que otro día fueron transplantadas y llevadas a Barcelona a casa de una de sus nietas. Las azucenas florecieron año tras año acompañadas de unas florecillas lilas y siguieron en su macetero año tras año después incluso de que en aquella casa ya no hubiese quien las mirara florecer ni las regara.

Hace pocos días, alguien trajo un macetero viejo que tenía el color desgastado por el sol, con la tierra vieja y unas azucenas amontonadas con unas pocas hojas vieji-verdes y los bulbos medio desenterrados y secos.

El tiempo fue desgastando la tierra y las azucenas fueron enredando sus raíces, pero 17  (diez y siete! ) años después alguien rescató aquel macetero y lo trajo a una casa donde se reunía la familia de mamá Angelita para celebrar el cumpleaños de una de sus bisnietas.

Así, una abuela, sus hijas y sus nietos se reencontraron con aquellas azucenas sembradas por mamá Angelita que había regresado al pueblo hace unos diez años o más para morir a la edad de 100.

Fue difícil separarlas, parece que se hubieran “arrebujado” y enredado sus raíces para sobrevivir juntas y vaya si sobrevivieron!

Se hicieron 5 macetas con 2 y 3 bulbos, tierra nueva, regadas con una hermosa lluvia de un 19 de mayo.

Al día siguiente un perrete travieso que responde al nombre de Oli por ser un cachorro pequeño y negro como una oliva, escarbó la tierra y se entretuvo con las pelotitas bulbosas, la alegría del reencuentro se empañó con el susto de perder para siempre aquella herencia recién regada, pero una vez más se colocaron en macetas, esta vez con algunas hojas rotas y algún mordisco.

Nunca he cuidado una azucena, pero esta ya ha pasado bastante así que en lugar de regarla con temor y con la duda de si sobrevivirá o no,  mejor regarla con la alegría de que esté viva, ella me ha traído a mi una lección:  Mientras la vida siga viva, no importa el tiempo ni cuántos mordiscos nos haya dado la vida, somos una flor con la capacidad de ofrecer generosamente su existencia , así que se lo debo.

 Que ganas de verla florecer!!

(Editado 3 Junio)  Parece que el cariño florece…

4 junio al despertar4 junio al caer la tarde5 junio5 junio31 mayo3 junio al atardecer
3 junio al amanecer2 junio1 junioAzucenasAzucena rociera

La galería de huertogeneroso en Flickr.

 

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3 comentarios en “La azucena rociera

  1. Esta bonita historia me ha recordado a que yo también tenia una abuela cerca de la Victoria, en la Carlota que cada tarde de verano hacia un ramito de Jazmines. Tengo un jarmin en mi terraza y durante las tardes de verano cojo ramitos de jazmines como hacia mi abuela.

  2. Pingback: #Mihuerto2 | Elhuertogeneroso

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