La vinca mañanera

vincaHay cosas que escapan a nuestro control, ni dependen de uno ni uno las puede resolver porque no son suyas, aunque te tocan de cerca y te afectan.

La tarde-noche anuncia que el día se acaba, es momento de recogerse, dejar lo que nos quedó por resolver, lo que no podemos resolver, lo que ya está resuelto y descansar.

Lo primero que uno hace en la mañana es despertar, inmediatamente después se preocupa. El sol y la brisa vienen de la mano y entran por el ladito que les deja la cortina corrida.

Uno mira por la ventana con su preocupación, como hace todas las mañanas, ve la luz afuera, lo claro, lo fresco, el verde, el azul y esas hermosas flores dándo los buenos días.

En ese instante, uno mira la viva hermosura con sus pétalos rosados, inspira no sé exactamente el qué, si la belleza, el azul, lo verde, lo fresco, lo claro o la luz de afuera.

Hay una evidencia, sea lo que sea lo que suceda, uno está hermosamente vivo recibiendo los buenos días. Respira y se despreocupa. Respira y entonces, se ocupa.

Ya no importa resolver lo que uno no puede resolver, si no dejarse llenar con la hermosura, afrontar lo que trae la vida, acompañar, escuchar, compartir, cuidarse, querer, amar, ocuparse de lo que uno sí puede hacer. Probablemente sean esas cosas las que nos permitan aceptar lo que sucede e incluso darnos cuenta que estamos haciendo más de lo que pensábamos que podríamos.

A veces la vida trae imprevistos para los que uno cree no estar preparado… es el momento de confiar.

 

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