En mi escuela había un patio con tierra

El planeta nos lleva mostrando a lo largo del tiempo la abundancia del mundo en el que vivimos.
Quien creció cerca de la tierra sabe que es así.

Sabe de tiempos, de ciclos, conoce un lenguaje que se aprende observando y respetando. Obtiene porque ha aprendido a dar y recoge porque ha aprendido cual es el ritmo de la naturaleza.
Muchos lo descubrimos de pequeños, cuando nuestros abuelos tenían aún una valiosa herencia para nosotros que nos han ido legando a través de sus propios terrenos, sus historias en el campo y su experiencia. Recuerdo que había quien se preocupaba y ocupaba de que los niños que vivimos en ciudades, tocáramos de cerca la tierra y tuviéramos presente que las cosas ni caen del cielo, ni aparecen espontáneamente ni las crea una empresa, las cosas, las de la naturaleza, provienen de la naturaleza y el hombre (entiéndase persona) subsiste gracias a esos recursos. Así, tuvimos la suerte a pesar de vivir en la ciudad, de tener abuelos que trabajaban o trabajaron el campo, de tener un huerto en la escuela o de disfrutar año tras año de aquellas entrañables colonias en las que uno tanto se divertía y ahora de mayor cae en la cuenta de que además tanto aprendió.

escola

Muchos lo redescubrimos con un par o tres de macetas en el balcón que se convirtieron en 4 o 5 cajas de frutas llenas de tierra en las que además de hortalizas y lechugas recogimos los recuerdos de lo que aprendimos de peques y, nunca mejor dicho, reaprendimos gracias al Maestro Huerto.

Hay quien no sabe de esta abundancia, porque sus abuelos ya forman parte de esas generaciones dedicadas a tratar de llegar a fin de mes a base de fichar en la oficina, en la fábrica o en el taller, los huertos de las escuelas, si los hay, ya no son de tierra y lo de irse de colonias con un profesorado saturado es cada vez menos viable.

 

Hay seres en este planeta, llamado tierra, que piensan que el tomate crece espontáneamente en una lata.  Que ni siquiera se cuestionan el color rosa chicle de un yogur porque ignoran que el yogur proviene de la fermentación de la leche, que es blanca. Que compran margarinas con omega 3 y cereales enriquecidos con vitaminas y leches enriquecidas con calcio porque no se plantean que la naturaleza ya nos aporta alimentos con esos nutrientes. Existen personas que no son capaces de concebir que haya que utilizar el principio de precaución con algunos productos simplemente porque se anuncian en televisión, como si la televisión tuviera el maravilloso de poder de hacer bueno y beneficioso todo lo que muestra.

 

En todo caso, la televisión tiene el poder de hacer apetecible y deseable lo que muestra, lo que no quiere decir que siempre sea ni beneficioso, ni necesario, ni indispensable y sí, también en televisión se muestran productos de dudosa calidad.

 

Cuando uno va abriendo los ojos al mundo y descubre que hay quien no dispone de esa abundancia, mira a su alrededor y entonces sabe que puede compartir. Yo pensaba que Nicaragua estaba muy cerca, porque me explicaban cada cierto tiempo que nuestros vecinos  necesitaban ayuda y que si cada uno de nosotros dábamos un lápiz entre todos reuniríamos suficientes para que los niños allí también pudieran escribir en la escuela. Y cada cierto tiempo recuerdo estar sentada en mi habitación con todos mis lápices esparcidos en el suelo, haciendo una selección en la que procuraba incluir al menos uno de cada color. Y tampoco me cuestionaba mucho más, pensar en la cama con los ojos cerrados cuantos niños como yo podrían pintar me hacía sentir que vivía en un mundo donde afortunadamente había para todos.

 

Con el tiempo supe que Nicaragua no estaba cerca, geográficamente claro, porque para mí ya eran como primos aunque no los conociera, ni los viera ni hablara, con ellos. Supe que mi escuela estaba hermanada con un barrio nicaragüense y alguien lanzó la pregunte estrella. ¿Y porqué allí no tienen? a la que le sucedieron todas las demás que fueron la constatación de que nuestro discernimiento comenzaba a aflorar.

 

Entonces descubrimos que había otros barrios y un Colombia, un Chile, un Guatemala, El Salvador, Cuba, un África, sequía, y uno quería repartir tantos lápices que ya no le alcanzaban y una maestra que descubrió nuestra preocupación nos explicó que compartir lo que tenemos está bien en un momento puntual, pero lo importante era ayudar a que allí también fueran autosuficientes: que aprendieran a trabajar la tierra, que tuvieran herramientas para poder hacerlo, etc.

 

La solidaridad no cambia, uno sigue repartiendo sus lápices, su ropa, incluso su dinero, pero también sigue viendo el hambre. ¿Es que aún nadie les ha ayudado a que aprendan a trabajar su tierra? ¿Es que la tierra sólo es abundante en el lugar donde nosotros vivimos? Pero si Arabia Saudita produce arroz y trigo en 500.000 hectáreas de Tanzania. Pero si en EUA también hay sequía y el problema de su población es el exceso de calorías. Lo explica Esther Vivas, activista y autora de libros como Del Campo al plato. Icaria. 2009 o Supermercados no, gracias. Icaria. 2007 en su artículo Los porqués del hambre un artículo que comienza con la única cosa que yo tenía clara: vivimos en un mundo con abundancia y que termina con una síntesis clara y directa de lo que ocurre con esa abundancia.

Ya lo dicta la ley de atracción, aquello que deseas es lo que obtienes. Probablemente aquí con la Ley de atracción nos baste para seguir creyendo que hay abundancia y que somos merecedores de ella.  Cuando deseas algo el Universo conspira en tu favor, claro pero ¿qué ocurre cuando lo único que sientes es hambre? ¿Qué ocurre cuando otros se adueñan de esos recursos que no tienes fuerzas ni para creer que mereces?

 

Ocurren la desigualdad y la injusticia social.  Y uno acaba por entender que es importante cuestionarse el color rosa chicle de un yogur para saber de dónde viene lo que come y exactamente qué es lo que está comiendo. Uno acaba por entender que es importante cuestionarse cuáles son sus necesidades reales, cuestionarse lo que compra y a quién lo compra, cuestionarse si la abundancia aquí tiene algo que ver con la carencia allí. Uno acaba entendiendo que si no se informa no se entera, que si no pregunta no sabe y no disuelve dudas. Que desear y visualizar y proyectar está bien, muy bien, pero que nuestra mayor herramienta es el discernimiento, que es lo que nos permite diferenciar una cosa de otra, es lo que nos permite distinguir entre lo útil y lo inútil, entre una empresa que se dedica a producir y comercializar un producto respetando el entorno y una empresa que lo hace explotando, abusando y agotando los recursos, entre una sequía que afecta a un pueblo y la explotación de algunas empresas que se apropian de las tierras de ese pueblo. Empresas, entidades, gobiernos y personas que no tienen en cuenta que los recursos no se agotan sólo en una parte del mundo a pesar de las evidencias.

 

Evidencias como el agotamiento de la biodiversidad, el impacto de la agricultura industrial intensiva, la usurpación de los recursos naturales como el agua y las semillas por parte de unas pocas empresas, el impacto del uso de agroquímicos en los alimentos que consumimos y en nuestra salud, la inaccesibilidad de los alimentos a pesar del aumento de la producción, la pérdida económica de los payeses a pesar del aumento de los precios…

 

El informe IAASTD (Evaluación Internacional del Papel del Conocimiento, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Agrícola) realizado durante 4 años por el Banco Mundial con la FAO, FMAM, PNUD, PNUMA, UNESCO y OMS  en el que participaron 400 expertos científicos y colaboraron gobiernos, y organizaciones de la sociedad civil evalúa y señala medidas para el desarrollo y la sostenibilidad. El informe proporciona información referente a las consecuencias ambientales del aumento de la productividad y el impacto de los cultivos transgénicos en el medio ambiente y en la salud humana, concluyendo que la agricultura convencional-productivista genera altos niveles de producción pero que no es sustentable ambientalmente, ni eficiente energéticamente, ni equitativa socialmente. El sistema agroecológico, según las evaluaciones es un sistema sostenible, eficiente energéticamente, y puede alcanzar altos niveles de productividad, es decir puede garantizar ingresos alimentarios y monetarios a los más pobres, y crear excedentes para el mercado. Este informe, que está accesible en la red para quien lo quiera leer, fue archivado por el Banco Mundial.

Si bien a nosotros sí nos basta la ley de atracción para seguir creyendo que merecemos esa abundancia, el discernimiento nos habría de bastar para distinguir entre la falta de abundancia y la mala repartición de esa abundancia porque no, uno no se acostumbra a ver las imágenes que muestran los telediarios y documentales, ni a las noticias de entidades y ONGs, uno nunca se acostumbra a ver el hambre aunque lo haya estado viendo siempre y la gravísima crisis que está sufriendo el Cuerno de África en estos momentos es un grito alto y claro para todos donde los lápices de colores no sirven pero nuestra actitud y nuestras decisiones sí.

 

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