En la variedad está el gusto

 

… y también la dieta apetecible, sabrosa y nutritiva.

Cada vez son más las personas preocupadas por su alimentación, que movidas por el deseo de mantener un peso saludable, desterrar al sñr colesterol o prevenir para no tener que curar han tomado la firme decisión de “portarse bien”.

Lo común es comer un poco de todo: ensalada, arroz, lentejas, pasta, algo de segundo como pescado o pollo plancha, de postre fruta, ah! y verduras: judía verde.

Además quitamos sal, azúcar, menos pan, y nos esforzamos en comer cosas imposibles como yogures y quesos light, mantequillas enriquecidas, leches de vaca desnatadas o de soja… ¡cruda!

Así, cada cierto tiempo, el cuerpo toma las riendas y te ves zampando un paquetito de donuts azucarados, unos sorbitos de leche condensada, un refresco con patatas y atracón de olivas o media rebanada de pan con salami para una barra de ¼.

Entramos en una espiral de “no debo”, “no debería”, “un poco no pasa nada”, “un día es un día”, “vaya, ya me he portado mal”, “a la #@!! la dieta”, “lo que no mata engorda” y, finalmente, “de algo hay que morir”.

Lo que probablemente nuestro cuerpo serrano nos está diciendo es: “deja de preocuparte por tu alimentación y ocúpate de alimentarte”.

Los sabores, los colores, las texturas, la alegría, la flexibilidad, la variedad también son alimentos indispensables en una buena dieta.

Si sólo comemos judía verde metafóricamente se nos quedará cara de judía verde, probablemente acabaremos por aburrirlas y nutritivamente estamos descartando los beneficios del resto de hortalizas y verduras, que no son pocas.  Hay que variar los alimentos de cada grupo para beneficiarnos de todos los nutrientes, porque ni todas las verduras, ni todos lo cereales, ni todas las frutas son iguales ni aportan lo mismo.

Si lo que queremos es mantener nuestra salud y sentirnos bien es imprescindible que tengamos en cuenta justamente esto último, cómo nos sentimos. Si uno se aburre, se esfuerza, se obliga o se castiga algo está fallando.

Tal vez sea entonces el momento de dejar de preocuparnos y ocuparnos, desterrar nuestra antigua lista de la compra e ir al mercado con ojos curiosos para ver los colores y las formas allí donde sólo veíamos verdura y descubrir que no es verde todo lo que reluce y que además de judías hay nabos, coles y coliflores, hinojo, apio, chirivias, calabacines, calabazas, remolachas, rábanos, puerros, lechugas varias, zanahorias, pimientos y pimientitos, cebollas, espárragos aún queda para un largo etc.

Desafiar el hábito automático de cocinar porque hay que comer y jugar a crear y transformar un arroz en una paella, en un pastel con alguna salsa sabrosamente colorida o unos garbanzos en paté o una manzana en sabrosos donuts frescos bañados con salsa de algarroba.

Ampliar las posibilidades, aprendiendo recetas nuevas que nos descubran por ejemplo, que el nabo y la chirivia sirven para algo más que para desechar después de darle sabor al caldo o que además del arroz, hay otros cereales con posibilidades culinarias estupendas.

 

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