Cultivar el cuerpo

Estar tenso no es es ser fuerte. La tensión es debilidad.

Estar relajado, centrado y sereno, eso es ser realmente fuerte.

Louise Hay

Hay quien sostiene que somos una alma contenida en un cuerpo y que cuando éste muere desaparece, pero el alma sigue viva en alguna de las múltiples teorías y creencias que existen al respecto (el cielo, la luz, una vida mejor, otro plano…), incluso hay quien sostiene que somos espíritus encarnados, que vivimos no una vida sino varias en un viaje de aprendizaje y superación, hay quien sostiene que otros cuerpos se expanden más allá de nuestro cuerpo físico, también hay distintas teorías al respecto, aunque coinciden en una anatomía multidimensional y dividen al ser en distintos cuerpos sutiles como el mental, emocional y etérico que se corresponden con 7 centros energéticos, denominados chakras, cuya función es regular la energía y son el puente de unión entre el cuerpo físico y el energético. Los cuerpos sutiles forman a nuestro alrededor la famosa aura que vendría a ser nuestra protección energética, así como el sistema inmunitario es nuestra protección frente a las infecciones, el aura lo es frente a emociones, lugares, ambientes y situaciones negativas. Encontramos referencias al campo energético humano tanto en la tradición espiritual como en la científica: los yoguis en India trabajan el Prana (la energía universal) mediante la respiración y la meditación, la acupuntura en China trabaja para equilibrar el Chi (la energía universal), budistas tibetanos, rosacruces, budistas zen, místicos judíos…  hacen referencia con nombres distintos. En el año 500 a.C. los pitagóricos hacen referencia a un cuerpo luminoso que hasta el día de hoy ha tratado de ser demostrado y explicado también por algunos médicos y científicos.

Sea como fuere, lo impepinable es que tenemos un cuerpo físico, y a pesar de que es palpable, se siente, se ve, se huele, se saborea y se toca muchas veces nos olvidamos de él o no lo tenemos suficientemente en cuenta.

Gracias a él estamos en la vida, nos movemos y hacemos las tantísimas cosas que podemos hacer.

Cultivar el cuerpo no es ir al gimnasio 3 horas diarias para ver hasta dónde pueden llegar a hincharse nuestros músculos, ni  embadurnarlo de crema y maquillaje para que luzca bonito, no es una cuestión de estética sino de comprenderlo, valorarlo y entenderse con él.

Sin respiración no hay vida

Poco a poco el estilo de vida nos ha llevado a respirar de forma automática, la prisa, la ropa apretada, el sedentarismo, hábitos como el tabaco, las preocupaciones relegan la respiración a un acto automático que se da de forma superficial y causan un caos fisiológico. Una respiración superficial priva al organismo de oxigeno en cambio la respiración completa y profunda aporta oxigeno a todos los órganos, tejidos y células del cuerpo estimulando la buena circulación y favoreciendo la relajación. Este aporte de oxigeno permite que los tóxicos y grasas del organismo se quemen adecuadamente. Respirar estimula el sistema nervioso y regula el ritmo del corazón disminuyendo el estrés, la depresión y la hormona asociada al envejecimiento, la pérdida de memoria y de concentración, mejora el sistema inmunitario, provoca calma interior y nos permite actuar en lugar de bloquearnos, además mientras estamos centrados en la respiración la mente se mantiene serena.

La respiración adecuada es la diafragmática,  el aire debe entrar lenta y suavemente por la nariz, al inspirar la barriga se infla y al espirar se desinfla como si fuera un globo, este movimiento se da gracias al músculo del diafragma. Cuando sentimos ansiedad este músculo suele contraerse dificultando la respiración, respirar profundamente tiene el efecto contrario, también cuando sufrimos estados de tensión los nervios del plexo solar (red de nervios situada a la altura del esternón) pueden acusar una mayor sensibilidad llegando a doler.  En reflexología existe un punto en el centro de las manos y los pies que corresponde al plexo solar, masajear este punto en caso de tensión, cansancio, dificultad para dormir o relajarse centrándose en la respiración aporta una relajación instantánea.

Imágen: mejoraconcept.es

Descanso

El cuerpo está en constante funcionamiento manteniendo los procesos necesarios para la vida, además salta, corre, ríe, trabaja, … Es vital que respetemos los ciclos, el cuerpo no es una máquina inagotable y necesita descanso para reponer energía que es lo que sucede mientras dormimos. Necesitamos dormir unas 8h para encontrarnos despiertos, claros y en forma y es importante que procuremos un ambiente de descanso tranquilo y sin luz. Nuestro reloj biológico está regulado por ciclos de luz, oscuridad y sueño, todas las funciones del cuerpo están sometidas a ritmos naturales (es normal que en otoño se produzca una depresión que responde al cambio de los ritmos biológicos, en muchos casos se trata como un dolor emocional mediante fármacos cuando en realidad es más un estado físico natural), saltarnos estos ciclos o no respetarlos afecta a nuestra estabilidad física y psíquica.

Después de un sueño reponedor nos miramos y estamos guapos, no es una cuestión de estética sino de un estado interior, el cuerpo está descansado, tranquilo y eso se refleja por fuera.

Descansar no es solamente dormir, sino compensar para poder reponer, tener en cuenta ir descansando la vista cuando trabajamos frente al ordenador, respetar la digestión evitando realizar actividades bruscas, permitirnos simplemente sentarnos frente al mar, en el banco del parque o realizar unos minutos de meditación al día.

No sólo de pan vive el hombre

En el cuerpo se dan muchos procesos que mantienen la “máquina” en funcionamiento, para ello necesita energía que obtiene a través del metabolismo de los nutrientes. Es sencillo, necesitamos alimentos que aporten al cuerpo la “gasolina” adecuada y ahí está la diferencia entre llenarse o alimentarse. Levantarse corriendo por la mañana y lanzarse a la calle con un escaso café es una costumbre común hoy día, pero si nos paramos a sentir nuestro cuerpo veremos que estamos siendo desconsiderados y abusones con él, le obligamos a trabajar hasta el mediodía sin aportarle más energía que una dosis  de cafeína y queremos que esté al 100%, que sea eficiente, que nos responda y encima que esté guapo. El sistema nervioso y el cerebro  necesitan a diario hidratos de carbono, nuestros músculos y tejidos necesitan proteínas  que además son imprescindibles para transportar el oxígeno, las grasas protegen a nuestros órganos vitales, regulan la temperatura corporal y son necesarias para la producción de hormonas, enzimas y neurotransmisores, las vitaminas y minerales son vitales para que se den los procesos metabólicos y también para el equilibrio celular.

Hacer un repaso a nuestra dieta es un ejercicio imprescindible para cultivar el cuerpo, procurarnos una alimentación saludable que nos aporte los nutrientes necesarios y en la proporción adecuada, teniendo en cuenta la calidad de lo que comemos, aportando variedad sin olvidarse de la satisfacción.

Lo que comemos está directamente relacionado con la calidad de nuestra sangre, de nuestros huesos, de nuestros órganos, incluso de nuestro estado de ánimo.

Movimiento

El cuerpo es un organismo vivo, necesita moverse. Con el ejercicio físico aumenta el ritmo cardíaco y la respiración, mejora la circulación que irriga y oxigena a todos los órganos. Después de un trabajo físico importante nos sentimos cansados pero nos reponemos fácilmente con el sueño, en cambio cuando realizamos un trabajo mental intenso nos sentimos igual de cansados o más y sin embargo tenemos dificultades para dormir, esto sucede porque mantener una concentración intensa reduce la capacidad pulmonar, estamos en la mente y nos olvidamos de respirar privando de oxigeno al organismo de modo que nos fatigamos mental y físicamente.

El ejercicio tiene beneficios físicos, en general, mejora la circulación y tonifica músculos, los fortalece y contribuye a la salud de nuestro sostén, los huesos, puesto que el ejercicio aumenta la absorción de calcio y disminuye su eliminación pero también tiene beneficios sobre nuestro estado anímico. El estrés, la prisa y las preocupaciones causan una tensión que en el cuerpo se traduce en rigidez, contracturas, dificultad  para respirar, dolor y muchos otros síntomas. Realizar ejercicio ayuda a distender los músculos, a oxigenar el organismo como ya hemos apuntado pero también tiene un efecto importante sobre el equilibrio y el bienestar.  Interrumpe las ideas negativas, si sentimos el cuerpo no estamos centrados en las preocupaciones, estimula la producción de endorfinas (moléculas con efecto analgésico y responsables de la sensación de bienestar), estimula el sistema inmunitario y el ritmo cardíaco fortaleciendo el sistema nervioso parasimpático.

Mientras sentimos el cuerpo no estamos centrados en las preocupaciones y reciclamos pensamientos, emociones , ansiedades y “estreses”:

Salir a correr por ejemplo puede sentarnos muy bien después de un día tenso en el trabajo y nos ayuda a liberar el enfado que sentimos hacia nuestro jefe. El tai chi, yoga o estiramientos son ejercicios suaves que nos activan y ayudan a recuperar la energía y vitalidad cuando nos sentimos cansados, aumentan la energía al mismo tiempo que relajan. El ejercicio también contribuye a segregar serotonina, la hormona de la felicidad, así que es una forma sencilla, económica y saludable de mitigar los síntomas de la depresión y la ansiedad. Y si has tenido un mal día y te sientes bajo de moral y autoestima, salir a bailar puede ser un buen remedio para desahogarte y elevar el ánimo.

Tacto, contacto y afecto

La supervivencia del bebé mamífero al nacer depende del afecto que recibe. Para sobrevivir nos es imprescindible respirar, alimentarnos y también el afecto. El niño al nacer es un ser que depende de la protección, cuidados y enseñanzas de los adultos, este afecto es el que le permitirá desarrollar las habilidades para manejarse en la vida y también es la base de nuestra vida social, también cuando ya somos adultos el afecto nos ayuda a vivir.

El apoyo, las relaciones afectivas, el intercambio y el contacto nos animan, nos mantienen vivos y en muchos casos tienen un efecto medicina que muchas veces resumimos con la frase “sin su apoyo no lo habría conseguido” y ciertamente establecemos relaciones de cooperación mutuas porque nos son necesarias para nuestra supervivencia.

“Un ser humano puede vivir a pesar de ser ciego, sordo y carecer de los sentidos del gusto y el olfato, pero le es imposible sobrevivir sin las funciones que desempeña la piel.

El tacto afecta a todo el organismo, así como a la cultura en medio de la cual éste vive y a los individuos con los que se pone en contacto.” (Ashley Montagu, capitulo La mente de la piel. pp.34-35).

A través de nuestra piel estamos en contacto con el exterior y es en ella donde tenemos el sentido del tacto, los estímulos externos provocan reacciones físicas y emocionales. Los beneficios del tacto son muchos y muy importantes, establece una comunicación entre nosotros y nuestro cuerpo cuando nos acariciamos o masajeamos y establece una comunicación con los demás a través de la caricia, el abrazo, el masaje…

Dice David Servan-Schreiber autor de Curación emocional que “sin contacto las células se niegan a crecer”.

Sentir el cuerpo para manejar las emociones

Ya hemos visto que el cuerpo físico es como una maestro, él nos comunica nuestras necesidades cuando nos falta agua sentimos sed, cuando necesita reponerse sentimos cansancio, etc. En definitiva, el cuerpo es el intermediario entre nosotros  y el mundo exterior, su funcionamiento hace posible que nos manejemos aquí, sus señales nos indican cuando algo no funciona correctamente, nos avisan cuando algo falla, algo falta o algo sobra saturándolo y también nos señala qué lo alimenta y lo mantiene y lo anima a través de sensaciones como el placer y el bienestar.

Podría decirse que es un maestro, una guía y para cultivarlo es importante que sepamos escuchar, que pongamos atención y aprendamos a descifrar su lenguaje, que nos conozcamos y establezcamos una relación de confianza, comprensión y respeto con él, algo que con el exceso de razonamiento, las preocupaciones y distracciones externas tenemos bastante olvidado.

En un momento de tensión centrarnos en la respiración nos sitúa en el presente y activa una respuesta adecuada ya sea prepararse para la acción o mantenerse relajado.  Sentir el cuerpo significa estar presentes, sabemos que nos hemos hecho una herida porque vemos que nos sale sangre, sin embargo a menudo sentimos dolor en el cuerpo aunque la herida no se ha producido en él, por ejemplo el dolor en el pecho cuando nos dan una mala noticia. Sentimos las emociones en el cuerpo, no en la cabeza: “una emoción es un estado corporal después de una percepción en el cerebro” William James (fundador de la psicología funcional en EUA).

Sentir las emociones permite que podamos afrontar, el miedo nos da esa energía ante una situación de peligro, la indignación nos da energía para superar barreras,… Muchas veces sentimos miedo, complejo o sencillamente no nos han enseñado a expresar las emociones, reprimimos un enfado porque tenemos la creencia de que enfadarse no es adecuado, o reprimimos la rabia porque creemos que expresarla podría ser peligroso, esas emociones no expresadas dejan su huella en el cuerpo que nos avisa de una u otra forma para que lo escuchemos y nos ocupemos de liberarla.

A través del cuerpo podemos trabajar, identificar y expresar esas emociones de forma segura, sólo es cuestión de practicar. No se trata de razonar, pensar o analizar sino de sentir.

Limpiarnos por dentro, por fuera y más allá

Cuidar y limpiar nuestro cuerpo es importante, durante el día sudamos liberando toxinas que se quedan en nuestra piel, en nuestra ropa se quedan impregnadas sustancias de la contaminación ambiental, en definitiva, cepillarnos los dientes, ducharnos, cortarnos las uñas, utilizar ropa limpia son hábitos de higiene en nuestra vida personal que nos ayudan a prevenir enfermedades y mantener la salud. Asimismo, es un hábito de higiene importante procurar que nuestra casa y nuestro puesto de trabajo sean lugares limpios y bien aireados.

También es importante mantener una higiene interna procurando una alimentación natural, libre de tóxicos, así como evitar el consumo de sustancias nocivas que nos ensucian por dentro.

Pero aún hay más, podemos mantener nuestro físico impecable y reluciente pero vivir en un ambiente ruidoso, cerrado, estar horas frente al ordenador o mantener una conversación desagradable con alguien lo que deja residuos que no se ven pero sí se sienten y también pueden limpiarse. Los aparatos eléctricos  emiten una radiación electromagnética que afecta a la calidad del sueño, al apetito, el humor y nos agota. También las emociones y pensamientos negativos nos hacen sentir pesados, cansados o con hastío.

Procurar no exponernos demasiado tiempo a la Tv, la consola o el ordenador respetando descansos, recordando respirar, evitar tener aparatos eléctricos en el dormitorio, salir a pasear al aire libre en la naturaleza a diario, cuidar lo que pensamos y reciclar las emociones que generamos son hábitos que nos ayudan a cuidar y limpiar también esa parte energética. El tai-chi y otras disciplinas mente-cuerpo trabajan también este aspecto energético a través de ejercicios para enraizarse a la tierra, disolver la energía pesada o reponer la energía vital.

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